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30 julio 2019.

La trata es un crimen que acontece en todo el mundo. Es un problema internacional y también nacional en muchos países. Debido al gran número de víctimas de trata en el año 2003 entró en vigor el Protocolo de las Naciones Unidas para Prevenir, Reprimir y Sancionar la Trata de Personas, Especialmente Mujeres y Niños (en adelante Protocolo), que complementa la Convención de las Naciones Unidas contra la Delincuencia Organizada Transnacional.


Uno de los aspectos más importantes adoptado en el referido Protocolo, fue adoptar un concepto para la trata, pues era algo que no estaba claro y que sin embargo sigue no estándolo en muchos países, al momento de legislar sobre tal crimen.


El Protocolo establece que por trata de personas se entenderá la captación, el transporte, el traslado, la acogida o la recepción de personas, recurriendo a la amenaza o al uso de la fuerza u otras formas de coacción, al rapto, al fraude, al engaño, al abuso de poder o de una situación de vulnerabilidad o a la concesión o recepción de pagos o beneficios para obtener el consentimiento de una persona que tenga autoridad sobre otra, con fines de explotación. Esa explotación incluirá, como mínimo, la explotación de la prostitución ajena u otras formas de explotación sexual, los trabajos o servicios forzados, la esclavitud o las prácticas análogas a la esclavitud, la servidumbre o la extracción de órganos.


Pues bien, a pesar del Protocolo y el Manual, muchos Estados tienen problemas vinculados al sistema de justicia penal y a la judicatura en relación a la trata de personas. Según el Manual, los delitos de trata son difíciles de someter a la acción penal de los Estados por algunas de las mismas razones por las que son difíciles de investigar. La naturaleza del delito, la necesidad frecuente de depender de pruebas obtenidas en el extranjero, la posibilidad de que las víctimas y los testigos queden traumatizados y sean intimidados, o de que los funcionarios públicos sean corruptos, la necesidad de intérpretes y traductores, entre otros aspectos, hacen que la penalización de esos actos plantee problemas nuevos y difíciles a los jueces. En este sentido, se evidencia la necesidad de una mayor cooperación judicial internacional, de la colaboración eficaz con los servicios de asistencia a las víctimas y el establecimiento de medidas más vigorosas de protección de los testigos, como parte de cualquier estrategia para hacer frente a esos obstáculos[1].

Los Estados deben agilizar las reformas legislativas, a la vez que actuar para prevenir tal crimen, pues el número de víctima de trata de personas a nivel mundial es abrumador. Tal situación está comprobada por algunos datos disponibles de las Naciones Unidas y por otras ONGS que luchan contra la trata, tal como se observa a continuación:

  • La UNODC encontró que la trata de personas está presente en por lo menos 106 territorios nacionales en el mundo. En el año 2010, se estableció que India era el país con mayor número de víctimas de trata [2].
  • La explotación sexual es uno de los fines de la trata más demandados y comunes. Del total de víctimas, un cuarto son niños y más de la mitad son niñas y mujeres. Colombia es el tercer país más afectado por este flagelo en Latinoamérica, posicionándose junto a México y Brasil, como una de las naciones con mayor número de víctimas, quienes son explotadas tanto al interior del país como al exterior. Los principales destinos internacionales son: España, República Dominicana, China, Japón, Chile, Ecuador, México, Argentina, Panamá, Paraguay y Emiratos Árabes, según datos de la Fiscalía General de la Nación[3]. 
  • Hay aproximadamente de 20 a 30 millones de esclavos en el mundo de hoy.[4]
  • Según el Departamento de Estado de los EE. UU., cada año se trafican entre 600,000 y 800,000 personas en las fronteras internacionales, de las cuales el 80% son mujeres y la mitad son niños[5].
  • La trata de personas es la tercera industria criminal internacional más grande (detrás de las drogas ilegales y el tráfico de armas). Según se informa, genera una ganancia de $ 32 mil millones cada año. De ese número, $ 15.5 mil millones se hacen en países industrializados.[6]
  • Las diferentes autoridades estatales informaron sobre el tráfico para la servidumbre doméstica, la mendicidad infantil, el matrimonio forzado, la extracción de órganos y los asesinatos rituales. Este tipo de casos solo se registraron de forma ocasional, pero siguen siendo alarmantes, ya que solo representan los casos notificados y los números reales podrían ser más altos.[7]
  • Las causas básicas de la trata son diversas y a menudo difieren de un país a otro. En su búsqueda de una vida mejor en otra parte, las personas desfavorecidas caen a menudo en manos de delincuentes que se aprovechan de su situación y las explotan. Las dificultades económicas, los conflictos, la delincuencia y la violencia social, los desastres naturales y otros factores adversos, ponen en una situación desesperada a millones de personas, haciéndolas vulnerables a diversas formas de explotación y esclavitud[8]

A pesar de los escasos datos presentados, es claro que la trata de personas es un crimen con muchas víctimas invisibilizadas y que los Estados necesitan generar redes de cooperación internacional para acabar con este flagelo. Por esta razón, CEJA se une a la lucha contra la trata e invita a todos y a todas a informarse sobre el asunto y descubrir cómo pueden ayudar a combatir este crimen, tornando el día 30 de julio un día realmente de lucha contra la trata de personas.

 

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